En la primera vuela, solo la mitad de las personas habilitadas para votar han emitido un voto. Habrá diversas razones por no emitir un voto, o por emitir un voto nulo o en blanco. Veamos las opciones y lo que pienso de cada una de ellas:
- No ir a votar. “El que calla otorga”: quienes no eviten un voto, no tendrán como reclamar posteriormente. En otras palabras, si quiere poder reclamar por la conducta de los políticos en general o algún aspecto en particular, mejor vaya a votar. De toda manera, aún si no va, le van a contabilizar (en este caso como abstinente). O sea, puede no votar, pero no puede no elegir.
- Voto nulo. No quedará claro si usted votó para expresar su desacuerdo o molestia, o si simplemente se equivocó en marcar su preferencia. Como en la opción anterior, no tendrá razones para reclamar al gobierno elegido o a la oposición si no le gusta lo que hacen, ya que no ha señalado su preferencia.
- Voto en blanco. Se puede interpretar como expresión de un descontento o rechazo general. Y también significa que las personas quienes conforman el gobierno o la oposición, tengan libertad de hacer como bien les parece: usted no ha expresado lo que quiere (solo lo que no quiere).
- Votar por uno de los candidatos y lo que representa. Su voto solo será uno de muchos, pero cada uno de los votos con una marca válida son solo un voto. Y tendrá derecho a reclamar posteriormente.
Votar cuesta entre una y varias horas. Votar deja abierta las opciones para los años venideros: sentirse bien por haber hecho lo que se pudo – o sentir frustración porque el candidato que ha marcado no actúa de acuerdo a lo que dejó entender antes de las elecciones. Mi conclusión: emitir un voto válido es la mejor idea.
Además de emitir un voto, uno puede aportar como apoderado de mesa. Ayudar a que la emisión de votos y el escrutinio se hagan sin sesgos también es aportar a la democracia.