La persona que trabaja como Presidente, preside el Gobierno, uno de los poderes del Estado. Literalmente, está sentado al frente de un conjunto de personas. Estas personas son ministras o ministros, que a su vez presiden un conjunto de personas que trabajen para un área específico de responsabilidad. Ser Presidente requiere ofrecer un conjunto de objetivos y mantener las personas en el Gobierno motivadas a contribuir sus competencias al logro de estos objetivos. En palabras del ex-canciller alemán Helmut Schmidt, esto requiere “voluntad y cigarrillos”. Olvidemos los cigarrillos.
¿Qué debe poder hacer un(a) Presidente?
- Un(a) Presidente debe identificar y explicar un conjunto coherente de objetivos que consideren el desarrollo del país en el pasado, incluyendo un diagnóstico de las causas de este desarrollo, y proyectar progresos y las transformaciones adecuadas sobre un horizonte de tiempo sensato – todo sin entrar en contradicciones.
- Un(a) Presidente debe motivar y liderar el Gobierno hacia los objetivos y entregar a la ciudadanía información relevante y verdadera, plus explicaciones honestas.
- Un(a) Presidente debe aguantar disenso y presiones, y tomar decisiones bajo mucha incertidumbre.
No hace falta ser politólogo, abogado, sociólogo, médico o economista. Desarrollar análisis económicos, sociales, medioambientales etcétera es tarea de otros, que colaboran con el o la Presidente. Siendo especialistas en su respectiva disciplina, frecuentemente llegarán a conclusiones y recomendaciones contradictorias, y la capacidad de transformar estos aportes disciplinarios en un conjunto coherente y decidir qué se hace y qué no se hace, es lo que aporta el o la Presidente.
Cualquier intento de dirigir la atención de la ciudadanía a capacidades secundarias debe ser interpretado como intento de distraer la atención desde lo relevante hacia lo que no lo es. Se justificará la sospecha de una intención deshonesta y que no condice con una democracia en buen funcionamiento.